Recipiente de porcelana,
borde de oro y asa de plata,
reluce fulgurante como una mañana.
El vapor avisa, el sonido corrobora,
aquel brebaje tan común,
y tan extraño como la aurora.
Tienes una hora, miras el desgastado reloj,
corres escaleras abajo, al mismo tiempo
que de los límites sale el sol.
Te cortas el pelo, y ya no eres la misma de antes,
la gente te mira, con buenos y malos ademanes,
siempre has querido ser distinta.
Y hoy todas las antiguas dudas, las de antes
se disipan, como niebla, como el vapor
que hace media hora esperabas con fervor.
Te acomodas en tu lugar preferido,
y en la mano un ejemplar del libro
Orgullo y Prejuicio, tantas veces leído.
La luz blanquecina mancha tu rostro,
y tu cuello ahora desnudo lo besa;
y el aroma a canela y jazmín
llenan el balcón de sinfonías.
Menos cuando te lo esperas,
alguien te dice << Qué bella >>
como siempre, pero hoy aún más lo eras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario