Pensar que te tenía rodeado
por el cuello, entre mis brazos,
y tú, me acercabas a ti como si
de tu vida se tratase.
Tus manos firmes en mi espalda,
me rodeaban, me abrazaban,
haciéndome tener fiebre
en aquella gélida tarde de diciembre.
Tras de mí una pared pero en ti me apoyaba,
de puntillas para llegar a la altura de tu aliento.
Ya no importaban los demás, ni el futuro,
no pensábamos con claridad en aquel callejón oscuro.
Y yo, kamikaze de mis propios sentimientos,
te dejé seguir aquel juego, cuánto lo siento.
Tus labios empezaron por mi cuello,
subiendo por mi tensa mandíbula,
enterraste tu cara en mi cabello,
recuperando el alma con mi olor.
Y con un apretón más en mi espalda
tus labios presionaron los míos
y los míos te devolvieron el favor,
y pude distinguir que ese beso en verdad
escondía un te quiero, bipolar.
Fruncí el ceño, dolía saber
que todo acabaría en cuanto nuestras lenguas se despegasen.
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